Económicas

OPINION: Gobierno y política fiscal

Hoy la República Dominicana como otros países se enfrentan a la disyuntiva de aumentar los ingresos, controlar los gastos o mantener el estado de cosa de la economía y las finanzas tal como se encuentran en la actualidad, a pesar de que las necesidades insatisfechas de una población que crece exponencialmente van en aumento.
Al aumentar las necesidades de los dominicanos que hoy alcanzan casi los once millones de habitantes incluyendo extranjeros nacionalizados y residentes temporales, se tienen que aumentar los ingresos o controlar los gastos operacionales que le dan vida a la nación dominicana.
Es decir, o se garantiza la continuidad de la existencia del país en crecimiento o se decide mantener al país en condiciones de atraso o involución.
La responsabilidad de un gobierno que administra o gestiona un Estado es la de garantizar el bienestar a sus gentes mediante ofrecimientos de mejores bienes y servicios públicos.
Es por ello que las actuales autoridades plantean la necesidad de mejorar los ingresos y los gastos a través de una reforma fiscal ya que todos están conscientes de la importancia de la misma.
Más aún cuando el país se encuentra en una situación pandémica que requiere de mayor calidad del gasto y por supuesto de mejores niveles de ingresos para poder solventar los gastos sociales y de capital sin que se tenga que recurrir a los ingratos préstamos para cubrir gastos corrientes incluyendo pagar deuda con deuda.
Nadie puede negar en su sano juicio que una reforma fiscal que debió implementarse en el año 2015 conforme la Estrategia Nacional de Desarrollo (END), es importante que se formule y se ejecute en el tiempo más breve posible ya que ésta está atrasada en el tiempo lo que se traduce en atraso y poco crecimiento económico para el país ante las demás naciones.
De manera que se impone en estos momentos que a la susodicha reforma fiscal no se le de más larga en el tiempo porque si no se seguirá de lloro en lloro, de lamentaciones en lamentaciones, sabiendo que más temprano que tarde hay que llevarla a cabo y que las autoridades de gobiernos anteriores no quisieron asumir sus responsabilidades de aplicarla en su momento por el costo político que ésta envuelve.
El gobierno es un agente propio de la macroeconomía. El gobierno, y su actividad, es un punto fundamental en la teoría macroeconómica y su atribuciones o limitantes se extienden más allá de los fundamentos filosóficos de la economía.
En realidad, hay dos problemas diferentes. En primer lugar, la teoría económica no puede, todavía, dar respuesta a todos los problemas económicos.
Para cada gran problema hay una solución que implica crear otro problema diferente.
Se dice que, por ejemplo, que, para resolver el desempleo, la teoría Keynesiana tiene la solución, pero a la larga trae problemas inflacionarios. Para corregir este nuevo problema, los monetaristas tienen la solución, que a cambio produce estancamiento.
En razón de que la economía tiene una relación muy cercana con la política, los economistas regularmente fungen como consejeros de los políticos que deberán tomar las decisiones.
El economista puede decir qué relación hay entre inflación y crecimiento en un cierto momento. Es al político a quien le toca decidir cuál de las dos metas va a perseguir. Si la decisión es mala, tanto el político como el economista serán mal vistos, si es buena, los dos recibirán elogios.
Por desgracia, las decisiones no siempre son buenas. Otro problema asociado con los economistas se encuentra en la hoguera. Desafortunadamente, una vez que se aplica una política económica, los que difieren de ella son incinerados por herejes.
Dadas las razones expuestas de que la teoría económica no tiene panaceas, soluciones universales, y dado que los economistas dependen de los políticos para la aplicación de la teoría, la humildad y el reconocimiento de la disidencia deberían ser actitudes normales.
Desgraciadamente no es así. Quienes dijeron en tiempos de la abundancia que el gobierno debía ser más cauto con el gasto y la cantidad de dinero que utilizaban, fueron acremente atacados porque no era lo lógico. Hoy quienes sugieren estrategias diferentes a las gubernamentales, son blancos de ataques. Palo si boga palo sino boga.
Ante las tantas ideas encontradas respecto a la reforma fiscal se impone que cuando no hay consenso sobre un tema, es obligatorio escuchar a quienes opinan diferentes a quienes plantean una solución al estado actual económico y financiero de la nación. En economía la regla debe ser esta y en política también.

Así lo hace el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader Corona, que siempre escucha las voces contrarias a sus ideas, en este caso sobre la reforma fiscal, que sin festinar su decisión de llevar a cabo la misma, se conoce y sopesa en el foro del Consejo económico y Social (CES). En donde se escuchan las voces disidentes al proyecto de reforma fiscal y de donde a de salir un producto consensuado entre las partes, que lamentablemente no podrá complacer a todos por igual, pero la mayoría se impondrá a la minoría, conforme la democracia y, a las necesidades imperiosas de mejorar las finanzas públicas del país.felix.felixsantana.santanagarc@gmail.com

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